"Azulmente" me fui al Wikipedia y busque "Regla de Oro". Esto fue lo que encontré:La ética de la reciprocidad también llamada la regla de oro es un principio moral general que simplemente significa, Trata a tus congéneres igual que quisieras ser tratado y que se encuentra en prácticamente todas las religiones y culturas, a menudo como una regla fundamental. Este hecho sugiere que puede estar relacionada con aspectos innatos de la naturaleza humana. Un elemento clave de la ética de reciprocidad es que una persona que intenta vivir con esta regla trata a todo el mundo y no solo a miembros de su grupo con consideración, como a ella le gustaría ser tratada.
En la mayoría de las formulaciones toma una forma pasiva, como la expresada en el Judaísmo: Lo que es odioso para ti, no se lo hagas al prójimo. En la cultura occidental, sin embargo, la fórmula más conocida es la de Jesús en el Sermón de la Montaña: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Mt. 7, 12). Esta regla tradicional ha sido tan estimada que ha sido considerada la "regla dorada".
"So far, so good" como dirían los gringos. Fue justo en el primer Taller de Colores que asistí, como participante, por allá por agosto del 2005, que me "cayó el tejo" que la Regla del Oro tiene sus debilidades, que la convierten en un metal bastante menos noble. Allí aprendí que esta regla funcionaría a la perfección en la práctica si todos los seres humanos fuésemos "cortados por la misma tijera". Como no lo somos, esto de tratar a otros de la misma manera que a nosotros nos gustaría ser tratados... uff... no siempre es lo más aconsejable. Déjeme darles un ejemplo: Supongamos una persona en una oficina que es rigurosa, ordenada, meticulosa y estructurada. Supongamos, a la vez, que trabaja con otra persona flexible, abierta a nuevas posibilidades, innovador y que puede llevar a cabo diversas tareas a la vez. Obviamente estas dos personas tienen personalidades más bien opuestas. Pues bien, siguiendo la Regla de Oro, el estructurado debería tratar a la flexible, creativo y (en días no muy buenos) desenfocado, de la misma manera que le gustaría que lo traten a él. Es decir, estructurada, rigurosa, meticulosa y ordenadamente. Mmm... algo va a salir mal allí.
Colores Insights cambia la Regla de Oro e invita a las personas a "Tratar a los otros como a ellos les gustaría ser tratados". Nos invita a ser definitivamente más empáticos en nuestras relaciones, a ponernos en los zapatos del otro. Si así fuese el mundo... sería diferente... sería mejor. Podemos aportar de una manera diferente: tratando a otros de la manera que ellos quisieran ser tratados... no de la manera que nosotros quisiéramos serlo. Ardua tarea, sin embargo, no es imposible. Nosotros comenzamos descubriendo nuestros colores y los de los otros.
Adolfo Valderrama - Inspirador Motivador Adaptativo
2 comentarios:
es mi humilde opinión que la interpretación que Adolfo le dá a la regla de oro planteada por nuestro Señor Jesucristo en el sermón del monte, está mál enfocada a la forma en lugar de entender que se trata de un principio.
es cierto que todos somos distintos, parecidos pero no idénticos, pero lo que Cristo transferiere como enseñanza en este texto es un principio que implicita la empatía al tratar a otros, pero no incentiva la forma de hacerlo, esa es la razón por la cual no concuerdo con Adolfo, pero si estoy de acuerdo que debemos salirnos de nosotros mismos en el trato con los demás para ser más efectivos en nuestras transacciones emocionales en lo social.
Mmm... acabo de leer el blog después de un tiempo, y me quedé reflexionando sobre lo que escribí y sobre el comentario de Víctor (que no tengo el gusto de conocer y a quién agradezco sus palabras). Me di cuenta que, de pronto, estamos hablando en distintos niveles de conciencia. Obviamente, la palabras de Jesús tienen una mirada valórica muy grande y trascendente. No maltrates a otros si no deseas ser mal tratados, podría ser un ejemplo de aquello. Mi postura es más básica aún, y tiene que ver con la cotidianidad de nuestras labores, por ejemplo. De ahí el ejemplo que mostré.
Adolfo Valderrama Porter
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